octubre 23, 2020
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Sociedad

El Defensor del Pueblo admite a trámite la queja del San Agustín por los recortes educativos

Madres y padres del colegio público (CEIP) San Agustín han llevado ante el Defensor del Pueblo Andaluz la falta de profesores de refuerzo para alumnos con necesidades educativas especiales que sufre el centro escolar. El Defensor ha admitido a trámite la queja.

La Oficina del Defensor entiende que la petición de los padres y madres de alumnos del San Agustín reúne “los requisitos establecidos en la Ley del Defensor del Pueblo Andaluz”, por lo que ha iniciado “las actuaciones ante los organismos correspondientes, en relación con la ausencia de recursos personales necesarios para la debida atención del alumnado con necesidades educativas especiales en el CEIP San Agustín de Écija”.

En este sentido, el Defensor del Pueblo ha solicitado a la Delegación Territorial de Educación, Deporte, Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía en Sevilla “que aporte cuanta información disponga sobre los hechos” que denuncian los padres y madres del colegio.

Las personas afectadas denuncian que la Junta de Andalucía no cubre las necesidades de los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales en este colegio. En concreto, se quejan de la falta de un profesional más de Pedagogía Terapéutica (PT) y un profesional técnico de integración social, docentes que atiendan a los escolares que necesitan una atención mayor, continuada, para su integración en el colegio.

El colegio San Agustín de Écija ha perdido una maestra de Audición y Lenguaje, que se ha incorporado al colegio Miguel de Cervantes, y se ha quedado sin el apoyo que esta docente prestaba a los siete niños con necesidades educativas especiales que tiene el centro escolar.

Los escolares con necesidades especiales que estudian en el CEIP San Agustín no reciben la atención adecuada, según sus madres. Los hay que se mueven en silla de ruedas, alumnos que sufren crisis epilépticas, otros autistas y, en definitiva, pequeños entres tres y once años que necesitan estar continuamente acompañados de un monitor.

Sin el apoyo de profesionales, los pequeños con necesidades educativas especiales ven cortada su integración en clases compartidas con los demás niños del colegio, algo que los pequeños “viven como un castigo”, lamenta Sofía Ferrero, una de las madres afectadas.