octubre 24, 2021
El tiempo
Sociedad

Una pelea de párrocos por las Casitas de Pinichi

Los párrocos de Santa María y de Santiago se pelearon hace medio siglo por las Casitas de Pinichi. La construcción de la popular barriada ecijana, que en noviembre cumplirá su cincuenta aniversario, provocó problemas de límites parroquiales entre Santa María y Santiago que incluso obligaron a intervenir al Arzobispado de Sevilla.

Para entender el problema hay que irse hasta el año 1911, cuando se efectuó una nueva demarcación parroquial de Écija. El vicepresidente de Amigos de Écija, Juan Méndez Varo, explica que “los límites habían quedado perfectamente marcados al extinguirse las parroquias de San Juan, que se integró en la de San Gil, y la de Santa Bárbara, que pasó a depender de la de Santa María”.

Esa nueva división parroquial dejaba a Écija con cuatro parroquias en lugar de las seis que tenía hasta entonces, “para el mejor y más fácil servicio de las parroquias y para atender a las necesidades espirituales de los fieles, promoviendo a la vez el culto divino con el esplendor y decoro que corresponde fijar y demarcar  definitivamente los límites de las respectivas feligresías”.

Ningún problema derivado de esa nueva división hasta que en los años 60 del pasado siglo empieza la construcción de las nuevas barriadas de la ciudad y, en concreto, la de Beato Francisco de Díaz (hoy San Francisco de Écija), conocida popularmente por Pinichi. Ese nuevo barrio originó “un problema de límites” entre las parroquias de Santiago y la de Santa María, que se disputaban a cuál de las dos pertenecían los nuevos fieles que habitarían esas casas.

“Desde el referido año 1911, la margen izquierda de la antigua carretera de Sevilla a Madrid estaba adscrita a la de parroquia de Santa María, a excepción de una pequeña franja de terreno comprendido entre la carretera y el camino llamado de La Coja”, relata Méndez Varo. “Como consecuencia de la edificación de la barriada Beato Francisco Díaz, parte de la referida barriada quedó en la antigua estación de ferrocarril de Pinichi y parte, unas cincuenta casas, quedaron ubicadas en el lado izquierdo de dicho camino de La Coja, lugar donde se emplaza la collación de Santa María”. El “problema de límites” estaba servido.

La propuesta del párroco de Santa María era que unas cincuenta viviendas estaban perfectamente delimitadas y aduce “ser difícil su separación de las demás, pues precisamente el antiguo camino de La Coja es hoy la plaza principal de dicha nueva barriada, pudiéndose trazarse, sin lugar a duda, una perfecta línea divisoria”, según el Archivo Parroquial de Santa María, cuyos legajos ha estudiado Méndez Varo para documentar el conflicto entre parroquias.

Este problema queda definitivamente zanjado en el año 1967 por  un Decreto del Arzobispado de fecha 19 de julio de 1967, publicado en el Boletín Oficial Eclesiástico del Arzobispado de Sevilla y por el cual se asigna la barriada de Pinichi a la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, desmembrada de las de Santa María, Santa Cruz y Santiago. Para regir esta parroquia se nombra a  don José Rejo Macías, precisamente coadjutor de Santa María.

Pero la salomónica decisión del Arzobispado no termina con la polémica, ya que, según Méndez Varo, el cura de Santiago reclamó y consiguió para su collación el coso de Pinichi, la plaza de toros de Écija, al corresponderle el uso de la pequeña capilla de la plaza. “Pero también era cierto que por ese motivo tenía derecho a tres entradas de oficio: una para el párroco, la segunda para el sacristán y la tercera para el monaguillo que había de recogerlas en un sobre en la ventanilla oficial”, expone Juan Méndez, que se pregunta si fueron esas entradas gratis para los toros “el origen de este nuevo problema de límites parroquiales”.