abril 20, 2021
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Marco Díaz ofrece su relato soñado de la Semana Santa

Marco Díaz Pradas ha dejado sobre las tablas del Teatro Municipal de Écija su pregón de la Semana Santa de 2017, “un relato soñado”, como lo ha bautizado el pregonero, devoto del Silencio pero, sobre todo, de la patrona de Écija, la Virgen del Valle Coronada, a la que ha cantado al principio y al final de su pregón.

El de 2017 no ha sido un pregón al uso. Ha sido novedoso desde antes de empezar. El pregonero del año pasado, Javier Fernández Franco, ha cedido el testigo a Díaz Pradas con un glosa en verso, algo que nunca se había hecho en el pregón de Semana Santa ecijano.

El acto se abrió con la marcha ‘Virgen del Valle’ y a la patrona astigitana pidió amparo Díaz Pradas al pregonar la Semana Santa, una oportunidad “que no puede desaprovechar alguien como yo, apasionado de la literatura”. Porque el pregón ha sido “una pieza literaria”, afrontada por el pregonero “con ganas y con premura”.

Y, como toda obra literaria, el pregón cofrade de 2017 ha tenido su escenario – “inigualable, la Semana Santa de Écija en la plenitud de la primavera” -, sus personajes, repasados prácticamente uno por uno por el pregonero, y una trama: “contarles cómo Écija revive la pasión y muerte del niño que acuna la Virgen del Valle en su regazo”.

Esa Virgen que no va a dejar solo a su hijo en los siete días de la Pasión. “Lo acompañará en su entrada triunfal por Santa María, para asistir a cómo lo prenden junto a un olivo que queda por La Alcarrachela, y cómo será llevado cautivo para ser flagelado por La Victoria y coronado de espinas en San Gil, después de comprobar perpleja cómo San Pedro lo niega tres veces por Puerta Osuna”.

“Presenciará en silencio y de madrugada cómo abraza la cruz para cargar con ella por Jesús Sin Soga y San Juan y terminará acompañándolo cuando lo exalten en la cruz por el altozano de la Merced”, siguió Marco Díaz, “y oirá su última expiración en Santiago antes de de verlo muerto en la cruz en diferentes lugares y de distintas formas: entre lirios y paso de caoba en San Gil; al estilo ecijano en Confalón; por El Puente bajo yedra; o en un monte de claveles rojos en la Sangre”. Justo antes del cortejo final “que se abre paso desde Los Descalzos y que acaba en un santo entierro que se celebra en El Carmen, al que acude toda la ciudad vestida de riguroso luto para consolar a su madre por su Soledad”.

Por el pregón de Marco Díaz han pasado todas las hermandades de Écija, en un relato, ofrecido a todos los cofrades ecijanos, y repleto de las vivencias íntimas del pregonero, que ha ensalzado a los “nazarenitos sonrientes de la Borriquita”, el Cautivo y la Virgen de las Lágrimas, el milagro concepcionista del Olivo, resuelto con una historia propia cantada en verso por Díaz Pradas, que recordó sus inicios cofrades en La Yedra, donde “aprendimos a ser una familia” y saludó la “afición con devoción” de los que sacan el paso de misterio de Santiago, “donde vive Dios”, enfatizó el pregonero, que dibujó un palio azul cielo a la Virgen de los Dolores.

También estuvieron en el pregón, claro está, el “Miércoles Santo en el Picadero”, con “nervios que no se pueden fingir” y el fervor confalonero. Y, aún en el Jueves Santo, uno de los dos momentos cumbre del pregón, cuando Díaz Pradas exaltó a la hermandad de la Sangre, “la hermandad de mi familia”, y desgranó la nómina de hermanos de la cofradía de los Gitanos, justo antes de recrearse hablando de su hermandad del Silencio, de “sus sonidos”: las doce campanadas de Santa Cruz, el descerraje de la puerta de la iglesia y su chirrido al abrirse, el murmullo del gentío que espera en la plaza, los tres golpes secos de llamador…

Y, tras el Silencio, el recuerdo lírico del inicio de la relación del pregonero con su mujer, en una ‘Madrugá’ que iniciaba “una travesía conjunta de veinte años en la que hemos disfrutado de la vida, con alegrías y también superando tempestades”. Y después, el barco de la Mortaja que “trae muerto a Cristo”, y otro punto estelar del pregón: el canto a Jesús Sin Soga, “uno de los momentos predilectos de la Semana Santa para este pregonero” que subrayó el juego de sombras al dibujarse “la impresionante silueta de Jesús Sin Soga en el muro de la iglesia” de Santa María.

Tras esto, las mantillas de la hermandad de la Piedad, “un cortejo de flores de luto” en la tarde del Viernes Santo; el Santo Entierro con el que “Écija sabe darle a Cristo el rito del entierro que se merece Dios”; y, por fin, la Resurrección, fin y comienzo de la Semana Santa para el pregonero, que no se olvidó de las hermandades de Gloria en su responso y que terminó como empezó: dando gracias y vítores a la Virgen del Valle.