septiembre 22, 2019
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Qué es Talis 2013 (II)

Siguiendo con las conclusiones del estudio TALIS 2013 que iniciamos en el anterior artículo, podemos cerrar las mismas con tres más y que cierran un círculo de propuestas muy claras y nítidas para la mejora de nuestro sistema educativo.

2.- Conseguir que el desarrollo profesional sea más atractivo y relevante para los profesores.

En España, los docentes reciben poco apoyo para su desarrollo profesional (DP). Cuatro de cada cinco profesores están de acuerdo o muy de acuerdo en que no se les dan facilidades o incentivos para que participen en actividades de DP (el promedio TALIS es del 48%). Un bajo porcentaje de docentes recibe tiempo programado para las actividades que tienen lugar durante sus horas de trabajo en el centro (23%), un complemento salarial para las actividades fuera de las horas de trabajo (2%) o apoyo no monetario (como docencia reducida, días de descanso o de permiso para realizar actividades de formación) para las actividades fuera de las horas de trabajo (6%) que les permitan fomentar su DP (los promedios TALIS son 54%, 8% y 14%, respectivamente).

El DP relevante para el profesorado es relativamente raro. Aproximadamente dos de cada tres docentes (61%) están de acuerdo o muy de acuerdo en que no se ofrece DP relevante (el promedio TALIS es el 39%).

3.-Aprovechar al máximo la autonomía de los centros reforzando su capacidad de liderazgo.

Los directores consideran que los centros tienen poca la autonomía. Sólo el 33% de los docentes trabaja en centros donde el director indica que hay una considerable responsabilidad en la toma de decisiones sobre los contenidos del curso, y el 37% trabaja en centros donde existe responsabilidad sobre las políticas de evaluación de los estudiantes (los promedios TALIS son 65% y 79%).

Los directores también consideran pueden mejorar sus capacidades. Más del 40% de los directores en España indica que nunca ha recibido preparación específica para llevar a cabo un liderazgo educativo, tal como el establecimiento de objetivos bien articulados o manejo de un entorno seguro y propicio para el aprendizaje y asegurar que los esfuerzos de los docentes se centran

en la enseñanza y en su propia mejora de cara a la enseñanza (el promedio TALIS es del 22%).

Destaco personalmente el aspecto relativo a reforzar su capacidad de liderazgo ya que, si un centro no tiene suficientes capacidades profesionales, no es una corporación que se desarrolla y aprende dentro de una cultura para la mejora, la autonomía provoca los efectos contrarios a los deseados. Es decir, la autonomía puede derivar en un argumento para mantener el statu quo reinante.

4.-Valorar y atraer a los mejores profesores a los centros educativos más difíciles.

La inmensa mayoría de los profesores en España (95%) están satisfechos con su trabajo, pero sólo el 8% cree que la labor docente es valorada por la sociedad (los promedios TALIS son 91% y 31%).

En España, los profesores con más de cinco años de experiencia tienen un 20% menos de probabilidades de trabajar en centros con más del 30% de alumnos provenientes de hogares socio-económicamente desfavorecidos.

Además, comparando los datos de España con los de algunos países de la OCDE, destacamos algunas contradicciones singulares. Por ejemplo, la satisfacción del profesorado español con su desempeño es muy alta como hemos visto. Sólo un 5% de los profesores dice no estar contentos. Los más críticos son docentes de algunos países excelentes en PISA, como Singapur, Corea o Japón, lo que resulta desorientador pues podemos advertir algo de indolencia, pereza o desidia satisfecha con nosotros mismos.

Junto a esto, Finlandia, donde más del 70% del profesorado declara haber recibido formación técnica en contenidos, pedagogía y prácticas docentes, resulta que más del 30% de los profesores manifiesta no sentirse bien preparado para transferir esos aprendizajes a las aulas; mientras que en España, donde más del 50% de los docentes nunca ha recibido una formación parecida, algo más del 90% expresan sentirse bien preparados en esos aspectos. Parece que la autoexigencia con la que nos observamos es demasiado laxa.

Si los recursos públicos no mejoraran la cohesión social y la empleabilidad de los ciudadanos, cabría poner en duda su sentido y eficacia. Nos falta una cultura de la autoevaluación y la colaboración.

Nos falta rigor y fundamento para el análisis y nos sobra especulación ideológica encerrada en las cuatro paredes de “mi” aula. ¿Estamos dispuestos a cambiar? ¿Aceptaremos dicha necesidad?

Como vengo repitiendo constantemente, si sabemos lo que tenemos que hacer ¿por qué no lo hacemos? ¿No será que no anteponemos los intereses superiores de los alumnos ante cualquier otra aspiración legítima, pero de corte corporativo e individual?

 Javier Fernández Franco

Inspector de educación
@javierinspector