diciembre 9, 2019
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Ciudadanos Rasos

Me gustaría que algún día me explicara alguien en qué hay que fijarse para conceder el título de Ecijano del Año, Ecijana del Año o Entidad del Año. Ya sabe, ese galardón que se entrega cada 28 de febrero, para que parezca que el Día de Andalucía es algo más que una jornada para levantarse un poco más tarde.

Tengo claro que para ser Hijo Predilecto de Écija, como de cualquier ciudad, hay un reglamento de concesión de honores y distinciones. Pero ¿qué libraco antiguo o red de datos hay que examinar para justificar un premio de Ecijano del Año? ¿De dónde sale tanta empatía, de dónde tanta necesidad de dar palmaditas en la espalda?

Ya sé, ya sé… me van a salir con eso de “haber destacado de forma extraordinaria por cualidades o méritos personales o por servicios prestados en beneficio u honor de la ciudad”. Entiendo, entonces, que siempre se van a utilizar criterios muy restrictivos para dejar de ser ciudadano raso y ser Ecijano con mayúsculas.

Quede claro que no tengo nada en contra de los premiados. Es sólo que no me resulta nada obvio el criterio para elegir a uno en detrimento de otro. Y que las más de las veces me asalta la certeza de que el jurado – porque imagino a un jurado – premia al que más sale en la tele o en las revistas que lee en la peluquería.

Pero, si eso es así, me asalta una nueva duda: si se elige mirando quién está bajo los focos, quién luce en el couché ¿no tendrá razón mi vecino de aquí abajo, el académico Miguel Aguilar, y nuestros próceres han perdido una oportunidad de oro para premiar a Carmen Castilla?