agosto 19, 2019
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Dobles raseros

Les aseguro que iba a dedicar esta columna de improbable lectura a la condena al juez Garzón por el Supremo, que lo inhabilita y lo expulsa de la Audiencia Nacional. Sabrá usted, señora, que lo hacen por lo de las escuchas a los abogados de los cabecillas de la red de corrupción Gürtel. Es curioso: hay quien me dice que no es de recibo lo de esas escuchas, pero que ve bien que se les hubiera hecho a los abogados de los que han tenido algo que ver en el caso de Marta del Castillo. Ahí sí, ¿no?

Pero no quería hablar sobre eso. Tampoco sobre todo ese asunto del cierre de Megaupload y la que se ha formado por el tren de vida que llevaba uno de sus cabecillas, el excéntrico Kim Dotcom, que tenía un Cadillac rosa y todo. Es curioso: los que más se escandalizan por eso son los mismos que no dicen nada sobre los excesos del presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, el que tiene una estatua megalomaníaca en un aeropuerto sin aviones. Ahí nos callamos, ¿no?

Y tampoco es que tuviera muchas ganas de hablar de la supresión de Educación para la Ciudadanía, esa medida que ha tomado el PP en un momento en que no estaban obedeciendo a Angela Merkel. Dicen que lo han hecho porque es “adoctrinante”, lo que no deja de ser un chiste malo cuando arropan la enseñanza de la religión católica en esta, en principio, aconfesional España. Ahí no hay doctrina, ¿no?

Yo lo que quería era escribir del obispo de Granada, que ha criticado “la cultura del subsidio”. Él, que forma parte de una iglesia que recibe cada año unos 10.000 millones de euros de dinero público. Ahí lo que no hay es vergüenza.