septiembre 5, 2026
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Decenas de mosaicos magistrales desentierran el esplendor de la Astigi romana

El rico subsuelo de Écija vuelve a dar muestras de su deslumbrante pasado histórico. El hallazgo de cuatro mosaicos – entre otros elementos – en las excavaciones de las Casas Consistoriales ha consolidado a la localidad como uno de los grandes referentes de la producción musivaria de todo el Imperio romano.

Según informaciones recogidas por la Agencia EFE, este sensacional descubrimiento, del que se han hecho eco diversos medios de comunicación a nivel nacional, vuelve a poner en valor el esplendor de la antigua Astigi.

Cantidad y calidad sin parangón en el Imperio

Las recientes excavaciones en la sede consistorial, dirigidas a lo largo de este verano por el arqueólogo municipal Sergio García-Dils, han sacado a la luz, además del citado mosaico, restos de unas termas, basamentos de columnas de gran tamaño y alrededor de 2.000 piezas cerámicas que han permitido datar el conjunto en la primera mitad del siglo III.

Con esta nueva pieza, Écija suma ya una veintena de hallazgos de este tipo en los últimos 25 años, alcanzando los 400 metros cuadrados de mosaicos conservados, lo que correspondería a una extensión original estimada de más de mil metros cuadrados.

García-Dils destaca que la Écija romana era “una ciudad a la última, con acceso a las modas”. Esta vocación vanguardista se refleja en la complejidad de las figuras, los elaborados juegos geométricos y la impecable calidad técnica de las piezas. La urbe contaba incluso con su propio taller estable de teselas —un rasgo excepcional, dado que los artesanos solían ser itinerantes—, elaborando piezas de pasta vítrea con tonalidades llamativas y brillantes.

La densidad del trabajo artesanal era mayúscula: mientras que un decímetro cuadrado de decoración geométrica requiere en torno a un centenar de teselas, las secciones figurativas —donde se representan seres mitológicos, animales y plantas— llegan a albergar unas 400 piezas por esa misma superficie. Curiosamente, el arqueólogo recuerda que el material en sí era económico, ya que “todo se reciclaba, desde los restos de vidrio hasta los de mármol”, por lo que el verdadero valor económico residía en el diseño y la elaboración artística.

Un pasado de opulencia impulsado por el “oro líquido”

La explicación a semejante concentración de riqueza ornamental reside en la relevancia histórica y económica de la urbe. Fundada originalmente por los turdetanos en el siglo VIII a. C. bajo el nombre de Astigi, la ciudad floreció gracias a su enclave estratégico a orillas del río Genil. Tras la conquista romana, el emperador Augusto la refundó hacia el año 14 a. C. como la Colonia Augusta Firma Astigi, otorgándole el rango de colonia (el máximo estatus estatutario de la época) y convirtiéndola en capital de uno de los cuatro conventos jurídicos de la provincia Baetica. Gracias a su suelo fértil, Astigi se transformó en el gran epicentro de producción y exportación de aceite de oliva del Imperio, alimentando a la mismísima Roma y atrayendo a numerosos propietarios extraordinariamente enriquecidos por este floreciente comercio.

Joyas de valor incalculable y proyección de futuro

Esta opulencia ya quedó acreditada con descubrimientos anteriores, como el célebre mosaico de doble cara hallado en la localidad (que muestra un sátiro o un sileno según la perspectiva), una rareza de la que apenas se conservan cinco ejemplares en todo el mundo antiguo y que no se encuentra ni en Pompeya. Asimismo, este verano ha aparecido un pavimento doméstico de taracea de mármol con materiales de diversos rincones del Mediterráneo; una pieza de lujo extremo de la que solo se han documentado dos casos en la historia arqueológica ecijana frente a casi un centenar de mosaicos.

Afortunadamente para los amantes de la historia y el turismo, estas maravillas se integrarán en el patrimonio local visitable, “de manera que estos pavimentos espectaculares podrán ser contemplados en breve dentro del propio edificio”.

Actualmente, un equipo ecijano integrado por la restauradora Azahara Lora y los arqueólogos Carmen Andújar y Pedro Gómez, bajo la dirección de García-Dils, ultima las labores de extracción y restauración para que esta joya pase próximamente a quedar expuesta en el propio edificio del Ayuntamiento.