Cañada Rosal conmemora los 40 años de su histórica segregación
Hay jornadas en las que el latido de un pueblo se manifiesta con una fuerza singular y que resuena durante generaciones. Para Cañada Rosal, ese día es el 27 de agosto de 1986, una fecha grabada en la memoria colectiva carrosaleña porque fue el de su ansiada segregación de La Luisiana.
Aquella independencia no fue solo un proceso administrativo; fue el triunfo de la ilusión y el esfuerzo de toda una comunidad. Rememorar aquel día es adentrarse en un viaje de nostalgia, sonrisas y orgullo carrosaleño, recuperando las vivencias de quienes, siendo entonces niños o adolescentes, asistieron al nacimiento de la Cañada Rosal de hoy.
La inocencia y el jaleo en las calles
La emoción de aquel día se revive con nitidez en la voz de José Antonio Calderón, quien por entonces contaba con apenas 15 años. Recuerda que el eco de la noticia le llegó en plena calle, de boca en boca, entre un jaleo festivo que en aquel momento le resultaba difícil de dimensionar debido a su juventud.
“Sabíamos que había pasado algo importante pero no sabíamos después el calado que iba a tener”, confiesa hoy, reviviendo con emoción la estampa de un coche con una pancarta donde se leía ‘Somos independientes’ y cómo un grupo de chavales se apuntó entusiasmado a una foto que ya es historia.
Para aquella generación, el bullicio y las banderas eran el reflejo de una inmensa alegría compartida, un momento de júbilo cuyo calado histórico irían comprendiendo y valorando con el paso de los años.
El Pozo Rey como epicentro de la ilusión
La nostalgia también se viste con la mirada de Macarena Delis Fílter, quien en aquel entonces no residía habitualmente en el pueblo, pero se encontraba allí disfrutando de unas vacaciones de verano que se habían prolongado de manera excepcional. Su recuerdo más vívido del día de la segregación está ligado a la gran fiesta popular organizada en el emblemático Pozo Rey.
Con la inocencia propia de la infancia, Macarena acudió con sus amigas atraída por la música y el ambiente. “No entendía lo que era la segregación pero sí que era una fiesta importante para el pueblo”, relata hoy con una emoción que permanece intacta, “como si hubiera sido ayer”.
En su memoria ha quedado grabada la llegada de autobuses repletos de emigrantes retornados. Recuerda cómo corrieron a recibirlos con el corazón desbocado, creyendo con ilusión que entre ellos llegarían sus primos de Barcelona. Aunque no fue así, la magia de aquella gran celebración colectiva la acogió y se quedó para siempre en su corazón.
Un legado que marca el camino del mañana
La reconstrucción de esta memoria colectiva no es solo un ejercicio de nostalgia; es una serie especial de testimonios impulsada por el Ayuntamiento de Cañada Rosal para mantener viva la identidad común. A través de las historias de sus vecinas y vecinos, Cañada Rosal rinde tributo a sus raíces para seguir proyectando su futuro.






