mayo 30, 2020
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Tutoriales online: sentando las bases de una nueva experiencia educativa

Hace más de una década que YouTube se empezó a popularizar de verdad. De la primera versión, en la que los vídeos no llegaban ni a 5 minutos de duración, hasta el momento presente con emisiones en directo y alquiler de estrenos de cine, han cambiado mucho las cosas. Si bien es cierto que las conexiones hace 15 años no eran las mismas que ahora, por lo que esta plataforma no habría tenido mucho que ofrecer ya que la experiencia habría sido bastante mejorable.

Hace 10 años los videotutoriales eran ya un recurso muy preciado, sobre todo en ciertos ámbitos profesionales o amateur como el diseño en 3D o el manejo de diversas herramientas informáticas. Poco a poco, y a medida que el consumo de video desde dispositivos móviles también creció con gracias a unas tarifas de datos más competitivas, cada vez más personas se fueron animando a subir sus propios contenidos, ya fuesen de promoción artística o bien destinados a enseñar a hacer cosas. Cocinar, peinar, maquillar, cambiar la cubierta a la bicicleta, atar el nudo de la corbata, plantar la semilla de un aguacate, incluso abrir un coco. Si hay algo que deseamos aprender a hacer, buscamos antes en YouTube que en Google.

YouTube, no obstante, no es la única plataforma donde encontrar este tipo de contenidos. Si bien prácticamente le ganó la partida a Vimeo en los inicios, poco a poco se ha ido enfrentando a diferentes plataformas, algunas específicas como Domestika o Twitch (este último relacionado sobre todo con videojuegos) o incluso Instagram TV. Todos ellos son empleados para emitir sus videos explicativos no sólo por aficionados o artistas incipientes, sino también por marcas tan consolidadas como 888, que comparte desde videos básicos como Reglas Poker Texas hasta estrategias avanzadas para jugadores profesionales. En el caso concreto del poker, se genera un verdadero ecosistema en el que los tutoriales son sólo una parte. Los jugadores profesionales van más allá creando sus propios canales en los que comparten consejos de estilo de vida, alimentación o ejercicios para otros profesionales obligados al sedentarismo, como ellos.

Complementado con todo esto, ya sea en el mundo del poker o de otro tipo de disciplinas, podemos encontrar modelos de inspiración más allá de tutoriales o video-blogs de experiencias. Nos referimos a las emisiones en directo de eventos de renombre, sean congresos, ferias o torneos y campeonatos. El hecho de ver cómo otros llegan a convertirse en auténticas eminencias en un área en concreta nos hace ver que con esfuerzo también es posible. La mayoría de marcas y firmas están combinando la emisión de los eventos más importantes de sus agendas anuales con la formación a sus usuarios.

Por supuesto también existen desarrolladores y empresas que emiten sus videos de manera privada para sus usuarios registrados. Webinars, cursos y charlas específicos, en directo, a través de Skype, Zoom o herramientas concretas dentro de su propia web. Algunos de estos recursos son pagados y otros gratuitos, pero como controlan el aforo bajo registro, y a veces incluso a través de posteriores cuestionarios, también pueden expedir certificados de asistencia o incluso diplomas. El modelo de Zoom permite no sólo que los usuarios visualicen la clase o tutorial, sino que al mismo tiempo compartan sus propias pantallas o lo que registran sus webcams. Así, por ejemplo, firmas como Mary Kay pueden organizar clases de maquillaje y la formadora podrá comprobar si las alumnas están aplicando bien los pasos, en una experiencia mucho más interactiva de lo que puedan permitir YouTube, Instagram o Twitch, que hasta ahora sólo permiten interactuar a través de mensajes de texto o reacciones y emojis.

¿Qué pueden suponer todos estos avances para la tele-formación o para la tele-educación? Lo cierto es que la mayoría de herramientas existen desde hace ya bastante tiempo. Lo que está cambiando es la mentalidad, que pasa a ser cada vez más pro activa. A medida que aumentan los nativos digitales o que las personas ganan confianza en sí mismas y se sienten capaces de usar las herramientas con suficiente destreza, se vuelven más partícipes, ya sea como receptores o como emisiones de esta información. Esto está cambiando las reglas del juego para personas que por unas u otras causas no tengan disponibilidad de desplazarse a clases presenciales, sea por falta de tiempo, de vehículo o por otras cuestiones que escapen a su control.

Se plantea si el hecho de la no presencia puede desembocar en alumnos menos comprometidos o con más posibilidades de distracción. Al mismo tiempo, el hecho de no tener que desplazarse, vestirse o cargar con herramientas para asistir a una clase ahorra bastante tiempo a los alumnos, que pueden emplearlo en ocasiones en un descanso previo o posterior que ayudaría a una mejor concentración. Sin embargo, también se empiezan a derivar otras cuestiones cuando esta formación es pagada: el coste que se ahorra el centro educativo en consumibles o suministros, y que es asumido por el alumno desde su casa. El debate se irá resolviendo a medida que este modelo se vaya estableciendo como algo habitual y no excepcional o esporádico.