julio 9, 2020
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Maravillas ecijanas que merece la pena conocer

Qué bella es Andalucía y qué bellas son todas y cada una de sus ciudades y pueblos, desde el más grande hasta el más pequeño. Su gastronomía, sus gentes y la belleza de sus alrededores hacen del sur de España un atractivo turístico, tanto a nivel nacional como internacional.

De entre todas las ciudades del sur de España, sin duda alguna, hay una ciudad a medio camino entre Córdoba y Sevilla, situada en plena campiña sevillana, que uno no puede dejar de visitar, y que además está considerada como una de las más bonitas. Hablamos de Écija.

Este municipio perteneciente a la provincia de Sevilla cuenta con casi 40.000 habitantes y se encuentra en una zona geográfica muy favorable para las actividades de ocio al aire libre, ya que está asentado en el valle del río Genil y a tan sólo una hora en coche del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos.

A pesar de no ser un municipio muy grande, Écija cuenta con un elevado número de iglesias, conventos, palacios y museos que resultan toda una delicia para cualquier amante de la arquitectura y del arte y dejan con la boca abierta a más de uno. De entre las iglesias más visitadas destacan la Iglesia de la Limpia Concepción de Nuestra Señora (declarado Bien de Interés Cultural) y la Iglesia de San Juan (cuya torre está considerada como la más bella de las ecijanas), todas ellas de inmenso valor cultural y que comprenden estilos tan distintos como el barroco, el gótico o el mudéjar.

Por otro lado, son muchos los palacios que se pueden visitar por toda la ciudad, como la Casa Palacio de los Pareja, que actúa en la actualidad como biblioteca municipal, el Palacio de Peñaflor, declarado Monumento Histórico-Artístico desde 1962 y de una belleza difícil de igualar, o el Palacio de Alcántara, que data del siglo XVIII y actualmente es la sede de la UNED, la Escuela de Idiomas y la Real Academia de Ciencia, entre otras.

Cierto es que no hay momento para aburrirse en esta ciudad y es que, además de ofrecer riqueza en cultura y patrimonio material, la oferta de actividades y eventos es amplia. Como es de esperar en una ciudad de Andalucía con historia, la fiesta más importante de Écija es la Semana Santa, declarada de “Interés Turístico Nacional” y cuyas tradiciones atraen cada año a miles de visitantes de todos los lugares del globo. De los pasos de la Semana Santa que se pueden ver en esta ciudad, destacan la Procesión de la Borriquita, la Procesión de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Señora de las Lágrimas y la Procesión del Olivo, todas ellas llevadas a cabo por las diferentes Hermandades con las que cuenta esta ciudad.

En el ámbito cultural y artístico se puede decir con toda seguridad que Écija cumple con todas las expectativas. Sin embargo, en el ámbito deportivo, por ejemplo, el Écija Balompié no se puede decir que tenga un estadio como el Sánchez Pizjuán del Sevilla, ni tampoco los pronósticos futbolísticos del equipo de la ciudad, pero aun así el equipo quiere que su afición se sienta como el más grande en su campo. De todas formas, la ciudad de Écija cuenta con algo que, así como el fútbol, también gusta a la mayoría: la comida.

La gastronomía ecijana es un claro reflejo de la historia de este pueblo, donde predominan los productos procedentes de sus tierras fértiles. Sus platos más conocidos son el gazpacho ecijano, las espinacas labradas y, atentos, la sopa de gato. Pero tranquilidad, que no hay necesidad de asustarse; este último plato deriva de la sopa de ajo, a la que simplemente se le añaden tomates y pimientos verdes. Es un plato muy tradicional y humilde (así que apto para todos los bolsillos), que le calienta el estómago a cualquiera en los días más fríos. Por otro lado, los otros dos platos mencionados son muy recomendables para degustar en verano, cuando el calor abrasador del sur hace mella en nuestro cuerpo. ¿Quién no conoce el famoso gazpacho andaluz? Se trata de una opción deliciosa a la par que saludable, gracias a sus ingredientes de origen natural, y muy refrescante para las épocas más cálidas del año. Así que vayas donde vayas por el sur, va a estar con toda seguridad en el menú del día de cualquier bar o restaurante que se precie. Otro plato típico de Écija mencionado más arriba y que también se come en frío son las espinacas labradas, las cuales una vez cocinadas y “majadas” junto con el pan y los ajitos fritos, se quedan súper cremosas y tremendamente deliciosas.

Para aquellos más golosos, y porque a nadie le amarga un dulce, no se pueden dejar de mencionar los dulces más típicos de esta ciudad. Probablemente, uno de los dulces más característicos de esta ciudad son los “bizcochos marroquíes”, que a pesar de lo que su nombre podría sugerir a simple vista, son originarios de Écija y están elaborados por las monjas del Convento de Santa Florentina. Su receta lleva siglos siendo secreta y se resume en “azúcar, huevos, flor de harina y la bendición de Dios”. Por supuesto, también son muy queridas las tortas de manteca y las yemas, ambas con una tradición de más de 50 años y conocidas tanto a nivel nacional como internacional, gracias a su presencia en ferias gastronómicas de índole internacional.

Motivos para hacerle una visita a Écija sobran. Como hemos visto, su oferta cultural es mucho más grande de lo que se podría esperar de una población de tan solo 40.000 habitantes. Pasear por las calles de esta ciudad es un auténtico placer para todo aquel al que le gusten las tradiciones y un paraíso para cualquier amante de los monumentos históricos. Además, los que sean de buen paladar van a poder disfrutar de los productos más naturales (procedentes de la huerta ecijana) elaborados de la manera más tradicional, para que la estancia en Écija sea una experiencia que cubra tanto ocio, arte y tradiciones, como gastronomía y experiencias culinarias. Una combinación de maravillas ecijanas que, desde luego, merece la pena conocer en cualquier época del año.