octubre 24, 2020
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Sociedad

El colegio San Agustín se queja de los recortes en educación especial

Más recortes en educación especial en Écija. El colegio público San Agustín censura que la Junta de Andalucía no cubre las necesidades de los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales.

En concreto, necesitan un profesional más de Pedagogía Terapéutica (PT) y un profesional técnico de integración social, docentes que atiendan a los escolares que necesitan una atención mayor, continuada, para su integración en el colegio.

El colegio San Agustín de Écija ha perdido una maestra de Audición y Lenguaje, que se ha incorporado al colegio Miguel de Cervantes, y se ha quedado sin el apoyo que esta docente prestaba a los siete niños con necesidades educativas especiales que tiene el centro escolar.

“Nos dirigimos a la delegación territorial de Educación varias madres, para comentar que necesitábamos más recursos para los niños, que son muy dependientes y los maestros no dan abasto”, explica Jessica de la Vega, madre de un alumno del San Agustín. En la Junta les hicieron ver que tenían una profesora de Audición y Lenguaje – que cubría la falta de los dos profesores que necesitan – que no les correspondía y  las madres no pusieron ningún problema a que se incorporara al Miguel de Cervantes, donde hacía falta.

“Pero nos dieron su palabra que hasta que el centro no tuviera cubiertas las necesidades que hacían falta no nos la iban a quitar”, dice Jessica. “Y nos encontramos con que nos notifican que la maestra de AyL se tiene que ir y a nosotros no nos mandan nada”, se queja.

Ahora, los niños con necesidades especiales no reciben la atención adecuada, según sus madres. Los hay que se mueven en silla de ruedas, alumnos que sufren crisis epilépticas, otros autistas y, en definitiva, pequeños entres tres y once años que necesitan estar continuamente acompañados de un monitor.

Sin el apoyo de profesionales, los pequeños con necesidades educativas especiales ven cortada su integración con los demás niños del colegio. “Nuestros niños no pueden salir a integración, a las aulas ordinarias, a integrarse”, se queja Sofía Ferrero. Son niños que, salvo casos excepcionales, no pueden ir solos a clases o actividades que comparten con los demás. “Esto a cualquier niño con cuatro o cinco años a lo mejor se lo pueden explicar pero a nuestros niños no les puedes explicar que a la hora que salían con sus compañeros del aula ordinaria ya no van a salir. Eso lo viven ellos como un castigo”.