octubre 21, 2020
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Tres siglos y medio de devoción al Silencio

El viernes 21 de mayo de 1666, un grupo de devotos de Jesús Nazareno de la Parroquia Mayor de Santa Cruz, que habían decidido constituirse en hermandad, aprueban su correspondiente regla, sancionada favorablemente por el Arzobispado de Sevilla en junio de ese mismo año. Acababa de nacer la hermandad del Silencio.

Según un comunicado de la hermandad, esta fue instituida con la finalidad exclusiva de rendir culto al Nazareno, y limitaba sus prácticas de cultos a oficiar una misa todos los viernes del año a su Titular y a celebrar anualmente una función principal con música y sermón. No obstante, a finales del siglo XVII, la hermandad adquiere una interesante talla de Jesús Nazareno que atraerá un creciente número de devotos.

La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz reproduce la forma amorosa con que la que Jesús aceptó la Cruz en que iba a morir, abrazándola y mostrándola al frente, la forma en que, según la tradición, se le apareció en varias ocasiones el Señor a Sancha Carrillo, hija de los Señores de la Villa de Guadalcázar, erigiéndose la Hermandad en memoria de aquellas apariciones acaecidas en torno a 1537.

“El día 24 de septiembre de 1698, la hermandad suscribe un acuerdo con Bernardo Alonso de la Paz, alguacil mayor de Sanlúcar de Barrameda y poseedor del vínculo que fundara el jurado Alonso de Marchena en una capilla contigua a la de Jesús Nazareno” por el que “obtenía permiso para instalarse en la citada capilla de la familia Marchena, pudiendo colocar en el testero de la misma, su retablo, imagen titular e insignias”. El día 21 de julio de 1699 fue estrenado el retablo y situada la nueva imagen de Jesús Nazareno.

La hermandad decae en la segunda mitad del siglo XIX y es reorganizada en 1907. En estas fechas se redacta un nuevo Reglamento, aprobado canónicamente el día 27 de marzo de 1909, que le confiere carácter penitencial. En 1937, tras la guerra civil, la hermandad cae de nuevo en un periodo de decadencia, en el que no procesiona y que no logrará superar hasta 1957, año en que es nuevamente reorganizada, adoptándose una serie de medidas sobre la estación de penitencia que aún se mantienen, entre ellas la promesa de absoluto silencio característica en su salida anual la madrugada del Viernes Santo.