El Señor de la Salud se reencuentra con su pueblo
Écija se ha rendido un año más a los pies de su mayor devoción en una jornada donde el sentimiento cofrade ha alcanzado su cota más alta. El Miércoles Santo en la ciudad de las torres tiene un significado especial, pues es el día en que la Hermandad de San Gil pone en la calle al Cristo de la Salud, el Señor de Écija, la imagen que aglutina el fervor más multitudinario de la ciudad.
Este año el buen tiempo se ha aliado con el sentir cofrade para permitir que, por el momento, todas las hermandades hayan podido completar sus estaciones de penitencia. La del Miércoles Santo comenzaba puntual, a las 18:30 horas, desde las puertas del templo de San Gil.
El discurrir de la hermandad por las calles de su barrio, buscando enclaves como la calle Emilio Castelar y Jesús sin Soga, fue el preludio de un momento cumbre: la llegada a la Carrera Oficial en torno a las siete y media. Con un andar elegante y solemne, el Señor de la Salud avanzó hacia la Parroquia de Santa Cruz, donde hizo su entrada sobre las ocho, para realizar la estación de penitencia en la iglesia mayor.
El itinerario de regreso llevó a la cofradía por la Plaza de Nuestra Señora del Valle, José Canalejas y la emblemática calle Sevilla. Ya bajo el manto de la noche, el paso por Puerta Cerrada y el transcurrir por la calle Conde hacia la Plaza de la Constitución, ofrecieron estampas de una belleza plástica inigualable.






