septiembre 24, 2021
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Las dos Españas educativas

Desde el año 2000, el Ministerio de Educación y Formación Profesional publica una síntesis de los datos educativos en España, el Sistema Estatal de Indicadores de la Educación (SEIE), que ofrece las principales estadísticas educativas tanto a nivel nacional como desagregadas por comunidades autónomas, presentando también datos internacionales que permiten situar a España en el marco de la OCDE y la Unión Europea, sobre los indicadores relacionados con la renovada Estrategia Europea 2020 hasta 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Las perspectivas de la titularidad de los centros y del género del alumnado están también contempladas en la presentación de los datos. En el SEIE hay tres indicadores: en primer lugar, los relacionados con la Escolarización y el entorno educativo; en segundo aquellos que facilitan información sobre la Financiación educativa; y, por último, el bloque relacionado con los Resultados educativos. En total, 21 indicadores, divididos la mayoría en varios subindicadores.

Procedamos ahora a realizar una síntesis de los datos del año 2021 para determinar la radiografía de nuestro sistema educativo. En cuanto a indicadores de escolarización y entorno educativo, a los tres años la escolarización es prácticamente plena, aumentando con la edad desde el nacimiento. El alumnado con 18 años está matriculado en bachillerato o FP Grado Superior en un  79,4%. El número medio de alumnos por grupo clase (ratio) es de 17,5 alumnos por unidad en educación infantil, 21,8 en educación primaria, 25,3 en ESO y 25,8 en Bachillerato. El alumno extranjero en enseñanzas no universitarias es de un 9,2%. Los hombres se matriculan más que las mujeres en los ciclos formativos de las familias profesionales de informática, comunicación, trasporte y mantenimiento de vehículos. En sentido contrario las mujeres son mayoría en las familias profesionales de servicios socioculturales y sanidad. Las mujeres representan dos tercios de la plantilla del profesorado en España, aunque la proporción disminuye según se avanza en el nivel educativo: de un 94,7% en educación infantil se pasa a un 58,2% en Bachillerato.

Sobre los indicadores de financiación educativa, refleja el SEIE que el gasto en educación en España es de 53.053 millones de euros, un 4,7% más que en 2018. De ese montante, el 76,6% se destina al personal. A nivel general el gasto público destinado a educación en relación al PIB se sitúa en un 4,26%. La mayor parte de ese gasto es asumido por las Administraciones Autonómicas, un 87,9%. De ese gasto público 6.339 millones de euros se destinan a centros privados concertados lo que representa un 12,5 % del gasto público en educación y un 14,3 % del gasto de las Administraciones educativas, siendo País Vasco, Madrid y Navarra, por ese orden las Administraciones que más conciertan con privados y Extremadura, Castilla La Mancha y Andalucía las que menos lo hacen. El gasto público medio por alumno es de 5.968 euros. Desglosado por enseñanzas tenemos: en educación infantil 5.069 euros, en educación primaria 5.268, en ESO 6.492 y en FP Grado Superior o estudios superiores 8.669. Esto hace que el gasto medio por alumno en relación al PIB por habitante en España sea del 24,4%. Es lo que gasta Finlandia, Alemania e Italia.

         Llama poderosamente la atención las diferencias existentes en el gasto público por alumno en los centros públicos que se observan entre comunidades. Mientras el País Vasco destina 9.415 euros, Andalucía sólo 5.210. Sólo gasta memos que Andalucía la Comunidad de Madrid con  4.892 euros.

Por último, y en lo que respecta a indicadores de resultados educativos, se observa que eEl mayor porcentaje de alumnado repetidor se da en 1º de ESO (9,3%) con unos resultados muy dispares entre comunidades. Así mientras en Andalucía repiten 1º de ESO 12 de cada 100 alumnos, en el País Vasco lo hacen 6,3 de cada 100. A los 15 años 3 de cada 10 alumnos ha repetido al menos una vez en la educación obligatoria, también con una gran dispersión y heterogeneidad entre territorios. El abandono escolar temprano (porcentaje de personas entre 18 a 24 años que sólo tienen la ESO) es del 16%, un 6,1% más alto que en la Unión Europea. El fracaso escolar (no titular en la ESO) es del 21,2% en su tasa bruta.

A la luz de las evidencias podemos extrapolar las siguientes conclusiones:

Lo que no alberga ninguna duda es la falta de equidad territorial de la educación en España. En 1860 la tasa de alfabetización en Madrid, Navarra, País Vasco, Castilla y León y La Rioja se situaba en una franja que oscilaba entre el 40% y el 50%. Mientras que en Andalucía, Extremadura, Murcia, Baleares y Canarias, dicha tasa rondaba el 20%. 161 años después, la brecha entre las distintas zonas de España, sigue intacta. Así pues lo que se demuestra es que no tenemos un sistema educativo, sino dos: de Madrid al norte y de Madrid al sur. Concluyendo: estamos estancados.

Como vemos el problema educativo español, no es de índole presupuestaria. Otros serán los factores en el saldo deudor de las políticas educativas de la Administración, factores sobre los que ninguna reforma educativa ha prestado la suficiente atención: pésima formación inicial de futuros maestros y profesores, el inadecuado y obsoleto sistema de acceso a la función pública docente, la no simplificación del currículo y no profesionalidad específica de la función directiva. Hay que poner en cuestión la asumida y simplista idea de que el incremento del gasto educativo conlleva, de manera automática, una mejora en la calidad. Si esto fuera verdad, los problemas educativos se subsanarían con el simple hecho de aumentar el porcentaje del PIB destinado al sistema. Partiendo de unos niveles cercanos al 5% del PIB (algo que no ocurre en España desde el 2009), el presupuesto deja de ser un problema en el contexto de la realidad española. La cuestión radica entonces, no en cuánto se invierte en educación, sino por qué tipo de educación se apuesta

Evitemos las dos posiciones que no resuelven nada: el negacionismo y el pesimismo. El negacionismo por el cual no hay nada que solucionar, ya que no existe problemática alguna y, el pesimismo paralizante, ante situaciones que, a priori, no podemos controlar. Por lo tanto ni lo uno, ni lo otro. Ni negacionismo ni pesimismo. Reclamemos un realismo educativo. A la luz de las evidencias, aquellos que dicen que no van a permitir pasos atrás en el equitativo sistema educativo español, deberían ser más prudentes.

Javier Fernández Franco

Inspector de Educación.

@javierfrancofer