diciembre 9, 2019
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Ni puta gracia

¿Han visto ustedes ‘Casablanca’? Seguro que sí. Y les sonará esa escena en que el capitán Renault, el oficial francés corrupto, le cierra el local a Humphrey Bogart con un “¡Qué escándalo! ¡He descubierto que aquí se juega!” justo antes de recoger el dinero ganado jugando.

Esa escena quizá describe la última semana en España. Gente como Manos Limpias, fundada por uno de Fuerza Nueva, denunciando bromas fascistas en twitter. Quizá porque consideran que el fascismo es algo muy serio o porque creen que el genocidio de Franco fue poca cosa porque el general no tenía twitter. O creen que disparar a negros nadando, por poner un ejemplo, es humor británico.

¿Tengo que dejar claro que rechazo la violencia? Vale, lo hago. Y aclaro que no me gusta el humor negro. Pero me gusta menos aún que se linche a quien le gusta. Igual nos iría mejor si, además de en los chistes malos, nos fijamos alguna vez en las políticas malas.

Por aclararnos: ¿el problema es el humor negro? ¿Las bromas sobre genocidios? Porque, si es eso, podemos convertir el Valle de los Caídos en un parque de atracciones y santas pascuas…

Es un error juzgar una broma como si fuera una opinión. “Los chistes son solo eso, chistes, con los que uno se puede reír o no”. Miren ustedes por dónde, eso lo ha dejado escrito Irene Villa.