septiembre 22, 2019
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¿Jornada continua?

La Comunidad Valenciana ha rechazado que los alumnos asistan a clase únicamente por la mañana (jornada compacta o continua.) Esta práctica colisiona con el horario lectivo diario de doce comunidades, en las que la jornada escolar es continua.

Desde mediados de los años noventa se extendió la idea de que la jornada compacta conllevaba beneficios sociales a las familias y escolares a los alumnos. Pero todos los estudios científicos y las evidencias empíricas desmienten esta tesis.

El estudio de la Fundación Jaume Bofil “Escuela a tiempo completo, hacia una jornada de educación compartida” y “A las tres en casa: el impacto social y educativo de la jornada escolar continua”, dirigidos por Elena Sintes, advierte una clara conclusión: “La causa que marca la mejora de los resultados académicos y escolares de los alumnos, se encuentra en la calidad del proyecto educativo del centro, no en su horario lectivo”, “Es un poco perverso querer asociar horario con resultados”, “En realidad el horario no supone una variable fundamental para la obtención de un mejor rendimiento académico”

Además, el horario continuo genera una clara desigualdad entre las familias que no contribuye a mejorar la cohesión social, ya que las familias en situación de desventaja social, cultural, económica, geográfica, étnica o de otra índole, no pueden ofrecer a sus hijos actividades extraescolares de calidad (idiomas, dibujo y pintura, informática, música, deporte, clases de apoyo y refuerzo,…) Esta idea es corroborada además por el Instituto Francés de Investigación Pedagógica. (Agnès Calvet)

El catedrático de la Universidad Complutense Fernández Enguita, ha realizado diversos estudios al respecto que, desmienten los siguientes tópicos educativos:

1. Existe la idea generalizada de que el horario intensivo se ajusta mejor a los biorritmos de los estudiantes, que rinden mejor por la mañana. A este respecto el estudio de François Testu, “Cronopsicología y Ritmos Escolares” muestra que el ritmo de atención de los niños es irregular. Tiende a ser bajo a la primera hora de la mañana, va aumentando hasta alcanzar su extremo sobre las 11-12 del mediodía, para a continuación decrecer y recuperarse por la tarde. Esta mismo teoría fue ratificada por un estudio de la Consejería de Educación de Galicia dirigida por José Ramón Caride en los años 90, en el que se constataba que para el 47% de estudiantes, la hora de mayor fatiga se situaba entre la una y las dos; mientras que el 27,4% de los niños manifestaban esto en el tramo horario comprendido entre las cuatro y las cinco de la tarde.

2. La jornada continua comporta mejor rendimiento académico y mayores logros escolares para los estudiantes. En este sentido, Isabel Riado y Javier Gil en el año 2002 concluyen que los resultados escolares son de más calidad y mejores en los centros con jornada partida. Caride, ya referido, muestra que existe entre un 10% y un 20% más de fracaso escolar en los centros con jornada continua. En paralelo, la Consejería de Educación de

Madrid, en sus pruebas de conocimientos y destrezas imprescindibles, CDI, de 2010, para los alumnos de 6º de primaria, determinó que los alumnos con horario partido obtenían mejores resultados que los alumnos con jornada continuada, (6.68 frente a 6.32). A mayor abundancia, las comunidades que tienen jornada continua no han visto colmadas sus expectativas de mejora sobre sus resultados PISA. Si la jornada compacta fuese positiva para mejorar el rendimiento, tendría que haber trasladado sus efectos a los resultados. No ha sido así.

3. Los países de la Europa Occidental, tiene un horario continuado. Esto sólo responde a los siguientes: Italia, Grecia, Portugal y Alemania. Esta última está replanteando si establecer la jornada partida. La mayoría de países de nuestro entorno tienen una jornada lectiva partida, aunque con una distribución horaria bien distinta: comienzan antes y terminan antes el segmento matinal, para repetir el mismo ciclo en el tramo vespertino. El intervalo entre uno y otro es de apenas una hora.

4. Con la jornada compacta, los niños pasan más tiempo con sus familias. Esto se desmiente por sí mismo. En España la mayoría de los padres y madres tienen horario partido. Según el INE sólo un 16% de madres y un 4% de padres ocupados (casi todos empleados públicos) disponen de las tardes libre.

5. La jornada intensiva es especialmente recomendable para los adolescentes ya que necesitan dormir menos. La Fundación Nacional del Sueño (USA) contradice esta hipótesis pues informa que en los chavales a partir de la ESO sufren un retardo en su reloj biológico de una hora aproximadamente; por lo que tienen mayores dificultades de atención que los niños en las primeras horas de la mañana.

Nuestro sistema educativo, responde a un planteamiento rígido e inflexible. No existe ningún motivo por el que todos los niños de un colegio deban entrar a la misma hora por la mañana. El sistema tendría que ofrecer horarios flexibles según el contexto social de cada centro y las características psicoevolutivas de cada etapa educativa. Concentrar en los tramos medios de la mañana los aprendizajes estratégicos, mínimos e imprescindibles y dejar para otros tramos aquellos que complementan el desarrollo integral del alumnado. Además habría que abogar por un modelo de escuela que abriera por las tardes para integrar la formación no formal en el tiempo no lectivo e involucrar a la comunidad educativa, mejorando el clima escolar y la cohesión social. La barrera tradicional entre educación formal y no formal, se debería romper, para fundirse y retroalimentarse mutuamente. Los centros educativos tendrían que conformarse como “entorno de aprendizaje”, según las recomendaciones de la UNESCO.

Por lo tanto, la jornada compacta o continua no mejora los resultados académicos, acentúa las desigualdades sociales, imposibilita la conciliación laboral y familiar, y procura todavía, por razones de brecha de género, un freno al desarrollo profesional y laboral de las madres.

 Javier Fernández Franco

Inspector de educación
@javierinspector