julio 16, 2019
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En el Aula Opinión

Andalucilla y León

En los debates educativos estamos muy cansados de estereotipos y mantras que, sin ningún rigor científico, se arrojan a la palestra y didascalia a modo de frentismo. La especulación retórica carente de fundamento, la hojarasca hueca sobre asuntos educativos entra en bucle, degenerándose. Situar el centro del debate en lo técnico, lo científico y pedagógico es vital. Basta ya de trincheras.

Necesitamos una educación basada en evidencias sólidas.

En lo relativo a la equidad y calidad de los sistemas educativos, debemos precisar algunas claves para analizar los resultados de la gestión educativa de las diferentes administraciones. Los factores sociales se miden a través del Índice Social, Económico y Culturas (ISEC) que, a partir de un valor medio de 0, se gradúa por lo general, en una escala del -1 a +1. Cuanto más a la izquierda, peor el valor y viceversa. PISA 2015 coloca a España en -0,51. Estamos casi en las últimas posiciones, sólo delante de Rumanía, Brasil, México y Turquía. Recordemos que en PISA participan unos cuarenta países de la OCDE.  Nos superan naciones  como Francia, Italia, Grecia y Portugal. No obstante dentro de España hay grandes brechas entre comunidades. Madrid está en valores casi positivos (-0,01) mientras que Andalucía se escora hacia el extremo peor de la balanza (-0,87).

Es necesario advertir que cuanto más positivo es el valor del ISEC, los resultados de los alumnos deben mejorar. Y además las diferencias sociales explican casi el 50% de los citados rendimientos académicos. Para que los datos sean válidos y significativos, es necesario detraer en cada país y comunidad su nivel socioeconómico. Descontando este factor, tendremos datos más ajustados a la realidad.

Pues bien, tras detraer la influencia del ISEC la puntuación de España en PISA mejoraría 15 puntos y la de Andalucía 24. ¿Pero qué es de la calidad y éxito educativo? Evidentemente sin calidad la equidad es una contradicción en sus puros términos. No puede haber equidad sin alto desempeño. En este aspecto tenemos que desmontar otro mantra educativo. A saber: el incremento del gatos/inversión en educación, mejora los resultados escolares del alumnado. Esto, dicho así, no es cierto.

Según el estudio “Diferencias educativas regionales 2000-2016. Condicionantes y resultados” publicado por IVIE y la Fundación BBVA en septiembre de 2018, en 2015 el País Vasco gastó por alumno 7.320 euros, Castilla y León 5.863, Madrid 4.496 y Andalucía 4.974. PISA 2015 evidenció que en Ciencias, Castilla y León obtuvo 36 puntos más que el País Vasco, Madrid 33 más y Andalucía 10 más que la comunidad autónoma española con un mayor nivel de gasto por alumno. Castilla y León además de ser la comunidad élite en el informe PISA, lo es también en equidad al conseguir el mayor porcentaje de alumnos escolarizados en centros con desventaja social con altos resultados: un 82% frente al 68% de España y el 66% de Andalucía.

Diferencia de 30 puntos en PISA equivalen a un curso académico a los 15 años. 46 son los puntos que separan a Castilla y León de Andalucía. No obstante Andalucía es la comunidad que cuenta con mayor índice de centros en entornos vulnerables (55% frente al 16% de Castilla y León y el 33% de España). Otra cosa sería analizar por qué sigue siendo Andalucía la que más colegios en zonas desfavorables tiene. A mayor abundancia, la población escolar andaluza roza la cifra de 1,8 millones de escolares (casi como el sistema educativo portugués) contra los algo más de 400.000 de Castilla y León; lo que sin duda genera una mayor complejidad en la gestión de todos los elementos del sistema. Por último los resultados de Andalucía se incrementarían significativamente si se detraen los efectos sociales, económicos y culturales, que arrastra desde décadas.

Pero además el sistema estatal de indicadores de educación constata que entre los años 2000 a 2009 la inversión educativa en España se duplicó y, sin embargo, los rendimientos académicos en PISA 2009 se situaron por debajo de los alcanzados en PISA 2000. Por el contrario, esos mismos indicadores nos informan que durante la reducción inversora en materia educativa desde la crisis (a partir del 2010) los resultados en PISA mejoraron y, no sólo en esa prueba externa estandarizada sin efectos académicos, sino en todos y cada uno de los referentes (tasas de graduación en ESO, tasas de abandono, tasas de idoneidad, tasas de repetición, tasas de fracaso escolar, tasas de titulación en bachillerato…) Así pues la cuestión no es cuánto se gasta en educación, sino en qué tipo de educación se gasta (formación inicial y continua de los docentes, sistema de selección y acceso a la función pública, evaluación del desempeño profesional de directivos y profesores, tipo de currículo, modelo de inspección, sistema de evaluación del alumnado, flexibilidad y pasarelas entre enseñanzas…)

Por encima de un suelo mínimo, en el que se sitúa España, aumentar la financiación no se traslada automáticamente en una mejora con la actual arquitectura legal, prácticamente inamovible desde 1990. Así pues, aunque sea deseable para recuperar los desequilibrios producidos volver al 5% del PIB de las cuentas generales del Estado (2009), vinculando ese aumento a una auditoría transparente, el problema educativo español no es de índole presupuestario. El mayor potencial de mejora de los resultados educativos reside en gestionar eficazmente los recursos y garantizar la igualdad de oportunidades.

Otra evidencia que nos brinda PISA es que demuestra que la variabilidad de los resultados no está entre centros de distintas zonas, sino dentro de cada centro. Esto es, que las diferencias de logros dependen en un porcentaje muy alto del centro en que se educan los estudiantes. Efectivamente se comprueba como las brechas entre los rendimientos se circunscriben a alumnos de un mismo centro y no a alumnos de centros distintos. Esa pista nos da una clave esencial: lo que importa es lo que cada colegio y cada instituto hace, su didáctica, sus metodologías, su coordinación, su cultura de trabajo. Su proyecto común y compartido. Su saber hacer. Su auctoritas.

Francisco Javier Fernández Franco
Inspector de Educación
@javierfrancofer