octubre 22, 2020
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Opinión Renglones torcidos

Andalucía, tierra zaherida

Según Isidoro Moreno, Catedrático de Antropología Social de la Universidad de Sevilla, la identidad andaluza se sustenta en la superposición y mezcla de cinco identidades históricas: la identidad andalusí, que recoge toda la tradición anterior, Tartessos, la Bética, etc., la identidad judía, la identidad gitana, la identidad negroafricana y la identidad castellana. El problema para Andalucía surge cuando la identidad castellano-cristiana se impone al resto, extranjerizando y minusvalorando todo aquello que no respondiese a su homogeneidad.

Es cierto que esa Castilla que toma el Valle del Guadalquivir en el siglo XIII aún no es etnocida ni genocida. Tanto es así, que en las ampliaciones del Alcázar a la altura del siglo XIV se puede apreciar el mismo estilo arquitectónico que en la Alhambra. Y es que fueron los mismos alarifes granadinos los que se ocuparon se servir al rey castellano. Será a partir de la conclusión de la conquista castellana en 1492, cuando empiece una limpieza étnica y cultural que terminará por imponer en Andalucía un modelo colonial ajeno a nuestro devenir histórico.

En 1492 tiene lugar el culmen del proyecto castellano isabelino que finalizará aquello que denominan Reconquista, como si se tratara de una vuelta a la verdadera fe del territorio tras siglos de ocupación extranjera. Nada más lejos de la realidad. Desde el siglo VIII al XI, prácticamente no hubo actividad de conquista cristiana en la península, y la poca que hubo era totalmente dominada por los Emires y, después, por los Califas cordobeses. Además, la fe musulmana se extendió a base de conversiones paulatinas de la población hispanorromana, no a raíz de ninguna invasión bélica. Entonces, si se trataba del mismo pueblo, ¿por qué en Granada se celebra el 2 de enero, conmemorando aquel de 1492, como si de un acontecimiento de “salvación” se tratara? Pues porque se ha hecho una relectura histórica en la que se sustenta uno de los grandes mitos del nacionalismo español: la unidad inquebrantable de España bajo la fe católica. Pero ¿qué unidad? Granada no eliminó su estructura cultural de un plumazo y los reinos de Castilla y Aragón no formaban un todo unitario.

No lo hicieron, de hecho, hasta el siglo XVIII con la llegada de la dinastía borbónica. Por lo tanto, lo que se hace es una relectura histórica con la única finalidad de legitimar un proyecto político que sigue vigente hoy en día. El problema no es que se conmemore la “Toma de Granada”, sino que se haga en base a la falsificación histórica y no a un ejercicio de memoria colectiva como pueblo. O, lo que es lo mismo, los andaluces y andaluzas tendríamos que recordar nuestro legado histórico como un ejemplo de pluralidad, riqueza cultural y convivencia, en vez de hacerlo desde la perspectiva de aplastamiento colonial a esa diversidad y heterogeneidad.

La falta de comprensión de la complejidad andaluza es un mal que ha padecido España, incluso, desde las posturas más democráticas y progresistas. El primer gobierno de la II República, presidido por Manuel Azaña, pagó cara su falta de entendimiento con los problemas de Andalucía. La agitación del campo andaluz, sumido en el latifundio, el caciquismo y siglos de servidumbre, explotación, hambre y analfabetismo, tuvo su episodio más sangriento en Casas Viejas.  Y es que no se puede entender la Historia de Andalucía sin el expolio de sus recursos naturales, la conquista y apropiación de su riquísima tierra a manos de la nobleza castellana y el interés por dominarla ante una situación estratégica sin parangón, con una costa que recorre casi 900 kms. desde el Mediterráneo al Atlántico.

Podríamos concluir que el Estado Español, como una herencia directa del Movimiento Nacional Franquista, se define como Nación Española. Aunque formalmente admite una plurinacionalidad constitucional, ésta no es “practicada” ni ”aceptada” por el nacionalismo español que adolece de altas dosis de nacionalcatolicismo, castellanismo, centralismo y concepciones excluyentes. Dentro de esas nacionalidades históricas obviamente se encuentra Andalucía. Pero, ¿por qué Andalucía guarda ese silencio? ¿por qué desde el resto del país se siguen ninguneando las hablas andaluzas? Es irritante ver cómo se nos maltrata como pueblo a la misma vez que se nos vampiriza nuestra cultura para dotar de contenido a un españolismo raquítico y monocolor.

Y es que Andalucía tiene importantes asignaturas pendientes. La primera de ellas tiene que ver con la educación, pues se sigue reproduciendo un relato histórico colonial en el que no se reconoce ni enseña la verdadera y rica identidad histórica andaluza, entre la que se encuentra uno de las mayores legados culturales de cualquier pueblo: su lengua, la nuestra, el andaluz. Tanto que algunos se atreven a ningunear nuestros símbolos autonómicos, como ha sido el caso fallido de la manipulación de nuestro escudo por parte de la derecha andaluza. La segunda tiene que ver con la redistribución de la riqueza. Con su falta de redistribución, más bien. El 4,5% de nuestro PIB está en manos de 14 personas. La derecha andaluza perdonó el impuesto de sucesiones a estos enormes capitales en un ejercicio de anomalía democrática. Capitales que tradicionalmente han revertido el beneficio de la tierra y recursos naturales andaluces en Madrid u otros territorios. En esta  misma línea, tenemos otra lacra que tiene que ver con la Iglesia Católica. Según Antonio Manuel Rodríguez, Doctor en Derecho y profesor de la Universidad de Córdoba, la Iglesia es dueña y señora del 80% de nuestro patrimonio histórico, mantenido y restaurado con dinero público, y que, aún hoy, sigue estando exenta de pagar un solo céntimo tributario por los hondos beneficios comerciales que extrae de la explotación de un tesoro que es de todos los andaluces. Todo esto contrasta con los más de tres millones de andaluces y andaluzas que viven en la pobreza, una buena parte de ellos en riesgo de exclusión. Se entiende y agradece la labor benéfica eclesiástica, pero sería mucho más democrático y justo socialmente que la Iglesia pagara sus impuestos como todo hijo de vecino.

Padecemos importantes problemas económicos estructurales ligados a esa falta de reparto histórico de la riqueza, seguimos arrastrando una importante dependencia de la volatilidad del turismo, la sobre-dependencia del sector primario latifundista, la carencia de industrialización e inversión en I+D+I. No somos pobres, Andalucía no es pobre, nos han empobrecido. Nos han mutilado la conciencia para evitar que exijamos lo que nos corresponde por peso poblacional y territorial. Y lo más indignante es que aún hoy, este etnocidio, este silencio sobre el que se sustenta la voz y la fuerza de otros territorios en el Estado Español, a Andalucía no le indigne como para levantarse y adquirir voz propia.

 

Mayte Jiménez Romero

Profesora de Historia

@MAYTEJR