SOL



Foto: Nio Gómez.

Texto: Javier Fernández Franco.

La desesperanza fue vencida por el sol. Sale el sol en la ciudad que lo engendró. Entonces somos conscientes de lo frágil que ha sido todo, de lo endeble de nuestros sueños, de la debilidad de una semana que cuenta los días al revés. Iremos a buscar en los recuerdos el cariño del padre que lleva de la mano al nazareno niño, la proclividad del costalero por su trabajadera o del prioste por el varal bien ajustado. La querencia  del vestidor por ese alfiler que no duele, de la camarera que guarda la intimidad de su cuerpo, del músico por la nota prendada en la partitura. Del mimo del tallista que, como si fuera el médico de cabecera de nuestras benditas imágenes, convierte un trozo de madera, en la imagen visible de un Dios sin rostro. Otra vez a esperar.

Alzadla al cielo costaleras

que todo es algarabía,

sed sus voces pregoneras

anunciando la alegría

de la nueva primavera;

ya no hay melancolía

ni penas, ni ceguera.

¡Ay que grandeza de romera

para tan gran romería!

VACÍO

Foto: Nio Gómez.
Texto: Javier Fernández Franco.

Écija llora su muerte con un sollozo que riega el valle de la nostalgia. Angustias permanentes de los que bajan a Cristo de la cruz. Ignoran que el salvífico cruce quedará para siempre vacío.  Hoy se clausura el primer triduo de la cristiandad. Alfa desconsolado y omega de aflicción. Pulvis es et in pulverum reverteris.  Ella, (carne de Dios ecijana), nos derrama a ráfagas la hondura de su  desvanecida soledad. Nos otorga una relajada sensación de entrega que nace de su apaciguada mirada.  Final que prepara la vuelta a una vida nueva.

Hermanos de  Soledad

velad por el Santo Entierro

que el difunto que lleváis

es Jesús, el Nazareno.

Que está dormido y no muerto.

Llevad despacio al Señor

aunque su cuerpo esté yerto.

 Está respirando amor

por ese costado abierto.

LUCTUOSO

Foto: Nio Gómez.
Texto: Javier Fernández Franco.

Mantillas escoltando al que elevan en la verticalidad de la noche, sin piedad.  Al fondo zozobra un punzante y agudo soniquete de muñidor. Incisiva obertura de eléctricos metales maltratados. ¿Quién sostiene hoy la fe servida en vasija de barro? En un peñón solitario queda elevado el deshabitado y árido madero. Por el camino viene el Ser supremo; aunque sé que me ama, algo le temo.

Encorvada su figura,

inhiesta, recta enseñanza,

ilustrísima esperanza

camino a la sepultura

de la amplia amarga dulzura.

Limpia y extirpa con la túnica

-en esa mirada muy única-

la sangre en los adoquines.

Aproxima  los confines

con fortaleza neptúnica.

SILENCIOS


Foto: Nio Gómez.
Texto: Javier Fernández Franco.

Los sigilosos y afónicos aldabonazos del ritual hacen crujir el sosiego y la reserva. Estridente el mutismo cuando el tiempo se detiene, disuelto herméticamente en un abrazo de entrega. Parece que lo sombrío triunfa desde el silencio opaco, en esta eclipsada madrugada. El Viernes Santo está ya despabilado tras una cascada de misericordiosos azules y dorados.  Ella intuye la amargura en la zancada de Dios. En ese doble silencio.

Una zancada profunda

bajo la noche cerrada,

va marcando su pisada

la esclavitud más rotunda;

la tortura más inmunda

para el nacido sin mancha.

Su agonía, se hace ancha,

en la estrechez del calvario,

dando de bruces su osario

en silencio, sin revancha.

 

 

 

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